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lunes, 21 de enero de 2013

PENAMIENTO REFLEXIVO CON IMÁGENES Y POWER POINT... EL MENDIGO DEL PARQUE.


Se acercaba mi cumpleaños…

Quería pedir un deseo especial al apagar las velas de

 mi pastel.

Caminando por el parque vi a un mendigo que 

estaba sentado en uno de los bancos, el más 

retirado, viendo las palomas y los patos que 

revoloteaban cerca del estanque, y me 

pareció curioso ver cómo un hombre de 

aspecto abandonado, miraba esas

 palomas con una sonrisa que emanaba 

ternura y alegría, por lo que decidí sentarme

 a su lado…

Mi intención era preguntarle qué lo hacía 

tan feliz…

Yo me sentía dichoso y completo, pues estaba 

orgulloso de mi vida y de mis bienes no me faltaba

 nada.

¡Al contrario!... Yo tenía un buen trabajo que me 

agradaba y me dejaba mucho dinero, con lo que

podía satisfacer todas las necesidades y hasta los 

caprichos míos y de mi familia.

¿Y cómo no poder hacerlo, si después de todo, yo

 trabajaba tanto para lograrlo? ¡Ah, mis hermosos 

y amados hijos! …Gracias a estos esfuerzos, no les 

faltaba nada y podían tener todos los juguetes que 

desearan.

En fin, gracias a mis interminables horas de trabajo, 


ni a ellos ni a mi dulce esposa les faltaba nada, 

nada….

Me acerqué entonces a aquel misterioso vagabundo 

sonriente y le pregunté:“Disculpe… quisiera 

preguntarle algo, si me lo permite”.

El hombre me miró sin decir palabra, pero con su 


sonriente rostro mudo me decía “usted dirá…”

“¿Qué pediría usted como deseo si hoy fuese su 

cumpleaños?”

El hombre me siguió mirando sin alterar su sonrisa 


en lo más mínimo. Aún desde antes de acercarme

 a él, yo ya  imaginaba su posible respuesta: Dinero;

 lo cual me permitiría sentirme muy satisfecho al 

darle un par de billetes y haber hecho mi buena 

acción del año…

Me fui de espaladas al escuchar su respuesta y ver 

que en ningún momento aquel hombre perdiera  su 

amplia y relajada sonrisa:

“Es curioso que me lo pregunte. En realidad, si 


pidiera algo más de lo que ahora tengo, sería

 terriblemente egoísta. 

Yo ya he tenido de todo lo que un hombre necesita

 en esta vida, y mucho más. Vivía con mis padres y 

un hermano, antes de perderlos a todos hace 

ya algunos años en un trágico accidente.”

“Tanto mi padre como mi madre eran personas 

maravillosas que se desvivían por darme todo el 

amor que podían, aún a pesar de nuestras 

limitaciones económicas. 

Cuando los perdí sufrí mucho, no se imagina 

cuánto. Pero entendí que hay otras personas que 

nunca, ni por un momento tuvieron el privilegio de 

conocer ese tipo de amor que yo recibí de mis 

padres y que yo les daba a ellos, y entonces me 

sentí agradecido con la vida, el sufrimiento se 

desvaneció casi de inmediato, y me sentí 

mucho mejor”.



“Cuando yo era muy jovencito me enamoré 

perdidamente de una niña de mi barrio.

 Cuando crecimos un poco más, un día nos 

dimos un beso, con gran ternura y delicadeza.

 El amor que nos teníamos crecía por instantes. 

Un día su familia se fue a vivir a otra ciudad y 

cuando ella se fue, mi corazón sufrió terriblemente.

A veces recuerdo ese momento y pienso en todas 


esas personas que nunca han conocido ese amor 

tan limpio y tan exquisito, y no puedo menos que 

sentirme agradecido por haberlo conocido, y me 

siento mejor.”

“Recuerdo un día en que, caminando por este mismo

 parque, un niño que corría tratando de atrapar una 

mariposa, de pronto se tropezó y cayó, dándose un

 fuerte golpe. El pobre niño lloraba 

desconsoladamente.

Me acerqué para ayudarlo a levantarse y le sequé 


sus lágrimas con la punta de mi camisa, que ese 

día estaba limpia, y jugué con él unos instantes 

para distraerlo. 

Fue sólo unos minutos, pero me sentí padre de ese 

niño, y me sentí feliz porque hay tantos hombres 

que aunque tienen hijos y no saben lo que se siente 

ser padre, y yo lo había sentido aunque fuera por un

 instante…”

“Ha habido veces que en invierno he sentido frío, y 


por supuesto, hambre. 

Entonces recuerdo la sabrosa comida que mi madre 

nos preparaba, muy “a lo pobre”, pero sabía tan 

deliciosa, porque nos la preparaba con todo su 

cariño, y recuerdo el calor de nuestra pequeña 

casita, y entonces me siento mejor, porque es un 

privilegio tener comida y un hogar calientito, 

hay tantos que nunca lo han tenido y tal vez 

nunca lo tendrán…”

“A veces alguna persona me regala alguna pieza de

 pan, a veces ya duro.

 De todos modos yo lo acepto y lo agradezco, 

y siempre busco a alguien para compartirle un 

pedazo, porque el placer de compartir lo que se 

tiene, con quien lo necesita, es algo más grande de

 lo que yo pueda describir, y créame, hay tanta gente 

que aunque tengan muchas cosas, nunca han 

conocido ese enorme placer que da el compartir.”

“Así que, mi querido amigo, ¿qué más podría pedirle 

yo a la vida, si ya lo he tenido todo? Y soy muy 

consciente de ello, porque cuando me acuerdo, 

hasta se me pone la carne de gallina, y créame que 

me sucede muy seguido.

Puedo ver la vida, toda, desde lo más simple, como 


aquellas palomas que están jugando junto al 

estanque con los patos… ¿Qué necesitan ellas?.

 Lo mismo que yo: ¡Nada!

Ellas y yo estamos muy agradecidos al cielo porque 


nos ha regalado la vida y nos permite disfrutarla, 

y yo sé que muy pronto usted también lo estará.”

Sus palabras quedaron resonando en el interior de

 mi cabeza y yo me quedé inmóvil, mudo, mirando 

al suelo sin mirar nada, absorto en aquellas sabias 

palabras de ese gran hombre, cuya sencillez 

desbordante me había abierto los ojos.

Después de un momento levanté mis ojos nublados

 por lágrimas que no habían alcanzado a escurrir, 

pues necesitaba ver nuevamente el rostro apacible 

de aquel hombre.

Para mi sorpresa, ya no estaba allí. 

Pareciera que se hubiese esfumado. 

Sólo quedaban las palomas que seguían 

jugueteando junto al estanque.

De pronto me invadió un arrepentimiento enorme de 

la forma en que yo había caminado por la vida, sin 

haberla realmente vivido… 

Lo que sí pude percibir es que en lugar donde el 

hombre estaba, había quedado su sutil aroma 

apenas perceptible, pero que poco a poco se hacía 

más evidente, como si fuera un bouquet de flores 

silvestres y hierba fresca que no había en ésa época

del año, que me inundaba y me llenaba de una paz 

que hasta ese momento no había conocido.

Yo no era muy creyente, pues aunque mis padres

 eran buenas personas, eran algo apáticos para 

esas cosas, así que yo ni siquiera pensaba en ello. 

Sin embargo no pude evitar pensar que aquel 

hombre era un Angel, que disfrazado de mendigo, 

había sido enviado “de allá arriba” para traerme 

el más preciado regalo que se le puede dar a 

cualquier ser humano:

LA HUMILDAD



Mendigo del parque_el3 from Reflexiones PowerPoint
Dios, se hace presente de cualquier forma y en cualquier lugar. 
Humildad no significa pobreza ni debilidad, sino amor y bondad.
Dios aprecia el amor, bondad y humildad en los corazones.
Dios les colme de bendiciones en donde quiera que estén.

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