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lunes, 5 de diciembre de 2011

EN EL BRILLO Y RELEJO DE LOS OJOS DE LOS NIÑOS, VEO LA LUZ DE LA ESPERANZA.



Una noche fría, oscura, donde dos pequeños niños, esperaban la llegada de un señor glotón, de barba de color plata, barriga inflada como un tambor, vestido de rojo, lleno de sonrisas y muchos regalos. Pero estos dos niños habían escuchado que para ellos, ya no era navidad, porque eran pobres y pertenecían a los niños de la calle.


Cada vez que iban de puerta en puerta, la gente no era cordial con estos dos pequeños, ni un pedazo de pan recibían, ni calor humano, puro desprecio, tan solo ser niños abandonados, pero muy adentro de estos dos seres, había la ilusión que era noche de navidad y todo podía cambiar para ellos.


Se sentaron en un árbol y solo veían al cielo, iluminado de la luz de las estrellas y solo ellos esperaban que llegara ese señor glotón que tanto esperaban y que escuchaban que en la noche de navidad siempre llegaba para los niños que se portaban bien y ellos sabían que se habían portado siempre bien, porque a pesar de que eran niños de la calle, no robaban, solo pedían de puerta en puerta.


La noche pasaba con altas temperaturas, hacía mucho frío, no tenían con que cobijarse, pero abrazados los dos niños se daban un poco de calor, cuando de repente escucharon unas campanas, ellos no sabían de donde provenían, miraban a todas partes y desde el cielo una estrella bajó y junto a ella un señor grande, de barba plateada, con su hermoso trineo, se bajó junto a ellos y les abrazó, la emoción invadían las caras de estos dos pequeños, sus rostros de felicidad eran inevitables, sí existía esa esperanza, estaba pasando en ese mágico momento para ellos.


El señor grande y panzón les regaló muchos regalos, pero eso no fue suficiente, también les dijo, que les tenía una sorpresa mejor, que como eran niños tan buenos y tenían siempre en sus miradas la luz de la esperanza, además de estos obsequios, les daba una familia donde los iba a llevar en la noche de navidad, para que comieran, se vistieran y que ahora en adelante no les iba a faltar nada y mucho menos el amor que tanto ellos anhelaban, palabras que estos dos niños jamás iban a ser olvidadas en sus memorias, porque así fue, todo lo que les dijo el señor grande fue cumplido, ya desde ese momento tenían familia, amor, comida y una futura educación, desde ahora sus vidas iban a cambiar gracias a la luz de sus ojitos de esperanza.


Si estos niños creyeron en cada sueño que deseaban, porque nosotros los seres humanos no somos seres de fe, ni de sueños, la mayoría de las personas se rinden, no luchan por sus propios sueños cuando en cada uno de las personas hay un niño, ese niño que nos hace luchar, crecer y alcanzar los sueños tan esperados ¿Por qué no creer como estos dos pequeños de la historia? ¿Por qué ser tan incrédulos? ¿Por qué no tener fe en lo que creemos? ¿Porque ser tan artificiales y menos humanos?


No soy quien para juzgar a nadie, solo lo hace el creador que esta arriba en el cielo, pero solo cambiemos un poco nuestra forma de pensar, para ser un mundo mejor, ayudando a nuestro prójimo.


Dando comida a los mas necesitados, regalando sonrisas a la gente, regalándonos nuestras propias sonrisas y creyendo en que los sueños cuando se luchan, indudablemente sí se hacen realidad, no guardes tanto el niño que tienes por dentro, déjate soñar un rato y ten siempre esa luz de esperanza.


Pablo Enrique Gutiérrez Yepez



1 Samuel 25:6

"...Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto 

tienes

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