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martes, 5 de abril de 2011

REFLEXIÓN Y ENSEÑANZA DEL ABUELO. PUENTE AL FUTURO.



Era una noche bastante oscura. A lo lejos, los sonidos de las bestias al acecho. Él caminaba rápido entre la maleza de aquel bosque. Se preguntaba así mismo si habría alguna cabaña cercana. No era la mejor situación que vivía.

De repente, oyó el sonido de las piedras arrastradas por el agua.
«¡Un río!». Se dijo para sí mismo. Corrió. Al llegar, se dio cuenta que efectivamente era un cuerpo de agua. Bastante extenso, caudaloso y hondo. No había modo de pasar al otro lado.



Fue entonces que escuchó un ruido débil cerca, también se movía ligeramente un pequeño arbusto. El chico se acercó con cautela, allí pudo divisar a un anciano que titiritaba. Si bien llevaba algo grueso para cubrirse, no le era suficiente para el tenaz frío que los acechaba. El hombre apenas lo miró.

«Y yo que pensé estaba en una pésima situación». Reflexionó un momento. Luego siguió preguntándose cómo haría para cruzar el río.


- No hay forma de cruzarlo -. Le dijo como pudo el viejo.
- Mañana lo veremos -. Contestó el chico.

Luego se dispuso hacer una fogata, ambos necesitaban calor o la pasarían muy mal en la noche. Le preocupaba más el anciano por su avanzada edad.

«Debo encontrar una manera de pasar ése río».

A la mañana, el viejo abrió los ojos. Desperezó su cuerpo mientras oía los ruidos de unas aves. Miró a su lado, allí estaba el chico aún dormido. Decidió levantarse para estirar las piernas y buscar algo de comer. Se alejó algunos metros del sitio. Al rato estuvo de regreso, y el chico parecía un oso invernando. Hizo un gesto de desaprobación. Fue entonces cuando tomó una rama del suelo, y se la lanzó encima. Éste se levantó asustado, pues el golpe lo había despertado.




- Si eso hubiese sido una fiera, no hubieses tenido posibilidad de levantarte -.
- ¿Le parece divertido? -. Le gritó el chico exaltado.
- No, pero menos me parece gracioso que te duermas ante los obstáculos -.
- ¡Sólo estaba descansando un rato! ¿Acaso no puede entenderlo? -. Volvió a gritar.
- Eso sólo es una excusa para disculpar tu descuido -.

El chico le lanzó una mirada de rabia. No dijo más.
Tomó sus cosas, pretendía irse sin siquiera despedirse pero fue cuando vio lo que tenía ante sus ojos, y al otro lado del río. Era como un pequeño asentamiento, algunas cabañas agrupadas y al borde del río un muelle provisional. El chico se quedó estático.



- ¿Eso estaba ayer ahí? -. Preguntó al viejo titubeando. - Yo no lo vi -.
- ¿Qué cosa? -. Le contestó el viejo mientras caminaba hacia él, y mirando hacia el otro lado del río.
- ¡Eso! Las cabañas y todo lo demás, esa pequeña ciudad provisional -. Decía señalando con el dedo.

El viejo miró en esa dirección. Se quedó en silencio, y luego retorno al sitio donde había dejado la comida. El chico se extrañó con esa actitud.

- ¡Oiga! -. Se fue hasta donde yacía sentado el viejo. - ¿Acaso no ve la ciudad? -.
- El problema no es si la veo o no, la pregunta es: ¿Lograrás llegar a ella? -. Y mordió un pedazo de fruta.

El chico se volteó a mirar otra vez. La ciudad era alcanzable, el único problema era el río. Buscó alguna manera de rodearlo, algún puente y hasta intentó comunicarse con los habitantes pero nadie respondió. Si era un asentamiento, ya había sido abandonado.


- Señor… -. Dijo el chico.
- Paúl… -. Completo la frase aquel hombre.
- Señor Paúl… Yo soy Andrés. Mire, si quiere alcanzar a dormir cómodo esta noche tendrá que ayudarme alcanzar mi objetivo -.
- Ése es tu objetivo chico, no el mío. Yo vivo en éste pedacito de tierra Presente, y tú quieres ir hacia aquel lado. Estás aquí queriendo estar allá, ésa es tu ciudad de Futuro. Entonces, ve y alcánzala -. El viejo Paúl se quedó sentado.

Andrés no podía creerlo. El viejo no quería ayudarlo para llegar hasta aquella ciudad, se suponía ése sería un bien común. ¿Por qué no lo ayudaba?



- ¡Esta bien! ¡Como quiera! Yo sí voy a pasar el río -.
- Y, ¿Cómo lo harás? -. Preguntó el viejo.
- No sé, buscaré una soga para intentarlo…-.
- Como gustes chico, pero es riesgoso pasar ese río tan bravo -.
- Al parecer la corriente está fuerte de este lado, porque mire la ciudad. ¿Puede ver que tiene una especie de muelle? Pues el agua no parece tan violenta de ese lado -.

El viejo se encogió de hombros.



- ¡Lo intentaré! -.
- … o la corriente te llevará en el intento jeje -. Paúl trataba de ser gracioso.

Toda la mañana y la tarde, Andrés trato de pasar el río pero no lo conseguía de ninguna forma. Su cuerpo tenía rasguños y moretones. Cuando estuvo muy cansado se echó a la orilla, y se quedó mirando la ciudad futura como le había bautizado Paúl.

- ¿Tan rápido te das por vencido? -.
- No. Es sólo que me quedé pensando…-. Respondía el chico.
- En vez de pensar tanto, ¿Por qué mejor no te pones a construir algo aquí para pasar la noche? -.
- Si llegamos aquel sitio no tendríamos que construir nada -. Le respondió.



Paúl se alejó hasta los arbustos que habían servido de abrigo la noche anterior. Después de un rato, al anochecer, el chico se le unió. La noche era más fría que la anterior y Andrés titiritaba. Cuánto ansiaba estar en una de esas cabañas.

- Si hubieras concentrado tu esfuerzo en hacer una cabaña, en vez de perder todo el tiempo luchando contra la corriente, no estarías pasando tanto frío… -.

Andrés no dijo nada.
Al día siguiente, volvió a reunir fuerzas para luchar otra vez pero en los primeros intentos fallidos, desistió.

- ¿Qué debo hacer? Podría guiarme un poco al menos -. Le dijo a Paúl.

- Esta bien, parece obvio pero me doy cuenta que aún no lo ves. Este pedazo de tierra es el Presente, aquella ciudad es tu ciudad del Futuro, en medio ésta un río… supongo que en vez de enfrentarte a eso, podrías construir un puente… un puente al Futuro -.

- La gran pregunta es: ¿Cómo? Si no se ha fijado, ese río es un “infierno” hecho agua. ¡Mi obstáculo no me deja avanzar! -.



- Nadie dijo que sería fácil, a veces hay que ingeniárselas para acabar con los problemas, pero no dejarse desanimar por ellos -.

- Lo dice muy fácil, el problema es llevar a cabo la solución -.
Andrés estaba muy desanimado. Sin embargo, aún era temprano y le haría caso al viejo en una cosa: debía construir algo para guarecerse en la noche.

Así empezó a construir una cabaña, pero a mitad del camino se le ocurrió una estrategia para pasar el río, o mejor dicho construir el Puente al Futuro. Dejó lo que estaba haciendo y empezó su nueva meta. El viejo Paúl le miró con tristeza.

A pesar de que Andrés estuvo muy entusiasmado, no logró hacer nada pues su plan no había funcionado. Al llegar de nuevo la noche, buscó abrigo en su cabaña pero se dio cuenta que no la había terminado. Esa noche el frío fue aún más inclemente.



Cuando volvió aparecer el sol, Andrés le dijo a Paúl que había aprendido la lección. Primero construiría la cabaña, y posteriormente el puente, sin embargo, cuando comenzaba de nuevo la cabaña se le ocurrió hacerla de otra forma, así que dejó inconcluso su primer objetivo y emprendió el siguiente. Con esa nueva idea de cabaña, le pasó lo mismo y la dejó por la mitad, para construir otra “mejorada”. Total que empezó muchas “ideas de cabaña” y no concluyó ninguna.

Por la noche, Paúl le dijo con preocupación y tristeza.

- Dijiste haber aprendido la lección, y cambiaste tu prioridad pero no has tenido el ahínco suficiente para cumplir tu primer objetivo. Sueñas pero no eres capaz de perseverar para ver realizado algo. No entiendo cómo crees ser capaz de “saltar al futuro”, si no puedes vivir en tu presente ni defenderte en él -.



Andrés sintió vergüenza al ver su inconstancia, al recordar todas las promesas hechas que nunca cumplió, al ver sus derrotas por no ver cuál era la prioridad. Se sintió triste y se culpaba.

- No es hora de eso hijo, es hora de tener coraje. Espero está sea tu última noche a la intemperie. No dudes de ti mismo, por algo has llegado a este punto, recuérdalo -.


A partir de allí, Andrés dedicó mucho tiempo en terminar su cabaña y lo logró. Se sentía satisfecho y con gran entusiasmo, por eso decidió terminar las otras “ideas de cabaña” y así logró hacer un pequeño asentamiento.

Al pasar los días, el río revuelto se fue aplacando hasta volverse tranquilo. Andrés vio provechoso copiar la idea del muelle, y entonces hizo el suyo propio que le serviría para pescar. Posterior a eso, retomó la idea del “Puente al futuro”. Tardó algún tiempo en ver su objetivo realizado, quizás era el más ambicioso de todos los anteriores, hasta que lo logró.


Al terminarlo, invitó al viejo Paúl a pasar al otro lado con él, y así lo hizo.
Pero el chico vio algo muy extraño cuando cruzó el río con su puente. No había ninguna ciudad al otro lado.



- ¡Esto es imposible! Esa ciudad estuvo aquí durante todo este tiempo, pero ahora desapareció. ¿Qué fue todo eso entonces? -. Se decía mientras buscaba bien con sus ojos. El chico se encogió de hombros. Por fin, el viejo decidió decir alguna cosa.

- Lo que viste fue un “reflejo” -.
- ¿Qué dices? -. Preguntaba muy confundido.
- Tu mente creó esa ciudad de esté lado del río. Ésa era la ciudad que tú querías “llegar a ver”. El Futuro es sólo una ilusión, no existe si no lo construyes en tu Presente. Cuando tienes una idea u objetivo, primero “lo ves” realizado en tu imaginación, tu mente es el principal creador, posteriormente dices que “vas hacer las cosas” y es cuando el “verbo se hace carne”. Trabajas por ello, y lo traes para sea “tangible” -.



- ¡Pero no entiendo! -.
- Voltéate y mira el Puente -.

Andrés le hizo caso sin entender qué esperaba el viejo de él, no lograba pensar que aquello que había visto durante días tras días había sido un “espejismo”, pero lo suficientemente sofisticado como para no borrarse ni un segundo.

- ¡No puede ser! -. Exclamó exaltado. - ¡Es ella! ¡Es la ciudad del futuro! -.
- No, es la ciudad del presente… ¡La que tú construiste!, recuerda que nosotros vivíamos de aquel lado -.
- ¡Es idéntica, hasta el muelle! Pero, ¿Cómo? -.
- A veces logramos hacer maravillas, es sólo que nos pasamos viendo qué es lo que hace otro y le admiramos. Tú admiraste “tu maravilla” antes de saber que era tuya, antes de saber que eras tú quién la construiría. Sólo visualizaste el “futuro” que querías, ahora no tendrás que soñar más, porque ya está hecha -.

El chico se puso muy contento.

- Aquí ya no hay nada que ver, mejor volvamos a nuestra ciudad -. Le dijo al viejo.

De regreso a su lado del río, Andrés volteó a ver de nuevo el lugar donde reposaba la imagen de “la ciudad futura” y sonrió.

- Por eso era que tú no la podías ver ¿Verdad? -. Preguntó.

El viejo asintió.
- Era tu sueño, no el mío. Yo sólo podría verlo, si lo traías al “mundo físico”, y como eso precisamente hiciste… ya puedo verla -. Le sonrió.

Por la noche, se crearon un banquete para celebrar por el cumplimiento de los sueños y juntos entonaron algunas canciones.

En un momento dado, el chico se levantó de su asiento y se quedó mirando al otro lado del río. Así estuvo unos instantes. Luego sonrió.
- ¿Qué sucede Andrés? -. Le preguntó el viejo Paúl.

- Estaba mirando la “ciudad del futuro”. Creo que me acaba de dar un par de ideas, así que mañana necesitaré tu ayuda. Hay muchas cosas aún por hacer, ¡Esto apenas está empezando!…-.





Colaboración de Waldylei Yépez
Venezuela
Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.
Vive el hoy entregando amor.
Vive el hoy con bondad.
Vive el hoy realizando tus sueños.
Vive el hoy contagiando sonrisas.
Vive el hoy con humildad.
Vive el hoy perdonando.
Vive el hoy siendo feliz.
Vive el hoy y siempre amando a Dios.
Todas tus acciones y actitudes que vivas y ejecutes hoy, serán la base de un futuro feliz.
 
Salmos 37:4

"Entrégale a Dios tu amor,
y él te dará lo que más deseas".

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